Juan Francisco Casas, el joven jienense (La Carolina, 1976) que se dio a conocer hace cerca de una década por sus hiperrealistas dibujos trazados con bolígrafos Bic, publica en un libro casi toda su obra en orden cronológico y, para celebrarlo, expone solo hasta el próximo sábado, 2 de junio, sus últimos dibujos, una treintena; varios óleos —a los que ha vuelto tras dos años— y una obra que mostró en la última edición de la feria Arco, un desnudo de mujer en gran formato y realizado con un rotulador Edding.
Casas, pelo largo y barba de tres días,
reconoce que las 200 páginas del libro Juan Francisco Casas, Dibujos tienen un barniz de artista asentado,
"probablemente viva un punto de inflexión". La obra que hará en el
futuro aún no la tiene en la cabeza, de la que muestra ahora considera que ha
evolucionado a un tono "más desinhibido". "No es que haya una
ruptura con lo que hacía antes, los cambios son sutiles, pero creo que mis
obras son más impactantes”, dice este licenciado en Bellas Artes.
Si se retrocede en el tiempo, se ve a Casas,
aficionado como tantos chavales a garabatear monigotes con el bolígrafo en el
colegio. La primera obra seria que nació de esa habilidad la tiene un amigo, al
que le regaló un boceto de un retrato femenino pero pergeñado con bolígrafo
negro, no con el azul que le ha hecho después reconocible. Casas siempre se ha
sentido más cómodo con un bolígrafo en la mano que con un pincel. "Siempre
me ha gustado más el dibujo que la pintura porque tiene algo de íntimo, de
delicado, aunque en el arte se le ha considerado de segundo orden".
Tras sus primeros
trabajos pasó a ser conocido como el artista del Bic, algo que ya tiene
"asumido". Lo que le molesta de esa etiqueta es que se "a veces
se banaliza lo que en realidad es una característica más". Aunque reconoce
que esa característica ha motivado que la gente se interese por su obra.
En la exposición que puede verse en la galería madrileña Fernando Pradilla (Claudio Coello, 20),
que también ha editado el libro, alternan dibujos en serie de pequeño formato,
"en los que el detalle casi no se ve", y obras grandes, "en las
que se aprecia la trama y el desenfoque". Eso sí, Casas explica que ningún
trabajo le lleva más de dos semanas, llegado ese momento, empieza a cansarse
"de ver lo mismo".
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